Siervas en alerta – Son columnas de humo

Siervas en alerta – Son columnas de humo

«¿Qué es eso que sube del desierto como columnas de humo, con perfume de mirra e incienso, con todos los polvos aromáticos del mercader?» (Cantares 3:6)

Es así precisamente que el Señor Jesús, el Novio, ve a su Su novia cuando esta pasa por el desierto.

Para quien vive la fe, pasar por desiertos es algo común. Es más, está probado el resultado que el desierto es capaz de producir en la vida de aquel que se dispone a caminarlo con humildad y sin murmuración, consciente de que es un trayecto duro, seco, solitario y que no es para todos.

No son pocos los que son «tragados» por él y que salen sin vida.

Observa que, en este versículo, la novia, la verdadera sierva de Dios (o sea, aquella que se guarda para su Novio y que vive pura para Él), sube el desierto como columna de humo. Solemos decir que donde hay humo, hay fuego, ¿verdad? Lo que nos lleva a entender que, en el fuego, el fuego del Espíritu Santo aparece para quemar todas nuestras impurezas, concupiscencias, vanidades, orgullo y todo lo que nos distancia de Dios.

Sin embargo, debemos aclarar que este proceso solo se lleva a cabo en aquel que deja que el fuego queme la «paja» que sofoca el perfume del Señor Jesús en su interior.

¡Ah! Y cuando permitimos que ese trabajo sea realizado en nosotras, somos como la mirra perfumada… aroma suave para nuestro Dios! Y también exhalamos el olor perfumado del amor a las almas que nos rodean.

Vamos a analizar nuestra vida y pensar en cómo hemos encarado el desierto, para que no salgamos de él con el olor desagradable del pecado, que nos acompaña cuando rechazamos la corrección, los «cortes», la castración de todo lo que nos contamina. Incluso si el desierto fue provocado por una supuesta injusticia, podemos sacar provecho de él, conociéndonos mejor y revelando si somos siervas o no!

Profundo, ¿verdad? Deja tu comentario para que pueda saber tu opinión sobre esta reflexión.

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1 comentário

  1. Hola señora, lo que me dejó pensando es que debo aprovechar el desierto, para salir triunfante y no con malos ojos, sino espiritualmente fuerte y sumisa para con Dios, ya que diariamente debo ser de olor fragante.

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